Elementos característicos de la Economía Social de Mercado

Por Klaus Schaeffler

El mercado y lo social

Hace ya algún tiempo, en una charla sobre algunos aspectos de la Economía Social de Mercado (ESM) un miembro del auditorio exclamó: “Mercado y lo social ¿no son estos dos términos que se contradicen y que no pueden ir juntos? No es esto una trampa para vendernos el capitalismo neoliberal con un ropaje nuevo?”

Vale la pena detenernos un poco en esta observación. De hecho, la ESM como concepto interrelaciona la política económica con la política social. En sus rasgos esenciales, a la ESM la caracterizan dos elementos característicos,

– el mercado como asignador de recursos y, como ya señala el término ESM  mismo, y

– el elemento social, conformado por el dinamismo productivo del mercado con medidas compensatorias que tienden a lograr una mayor justicia social.

El mercado como asignador de recursos y la corrección de distorsiones

La ESM, tanto es su concepto original como en sus diferentes expresiones en los países donde la practican, se basa en el mercado como quien debe asignar los recursos. Según Alfred Müller-Armack, quien originalmente acuñó el término Soziale Marktwirtschaft, la ESM requiere la observancia y cumplimiento de siete principios fundamentales entre los cuales figuran un sistema de precios cercano a la competencia perfecta y el acceso libre a los mercados. El concepto de la ESM parte de la convicción de que el mercado en combinación con la propiedad privada de los medios de producción constituye la modalidad más eficiente de colocación de recursos escasos y de coordinación económica de un país.

Muchos detractores de la ESM critican estos postulados alegando que en realidad no existe algo como “mercado de competencia perfecta”, y no dejan de tener razón con ello. Para que los mercados y la competencia sean perfectos tienen que mostrar, entre otras, por lo menos dos características:

– La libre concurrencia, es decir, una situación en que ningún agente puede influir en el mercado. Sabemos que esto en realidad es más bien la excepción y no la regla.

– La información y racionalidad de los agentes económicos que en los mercados de libre competencia conocen los precios de todos los productos y factores, sus características y la existencia de posibles sustitutos. Esto también es una excepción en la realidad.

Los mercados en la realidad son mayormente imperfectos. Por ello Müller-Armack habla de un sistema de precios “cercano a la competencia perfecta”, identificando como una de las principales virtudes de la libre competencia el esfuerzo que obliga a todas las empresas por mejorar continuamente sus productos y servicios tratando de diferenciarse por su mayor calidad o menor precio. He aquí un primer aporte importante de los mercados a una mayor justicia social.

Pero aún en mercados imperfectos los precios tienen una importante función de información, para los actores económicos, acerca del valor relativo de bienes y recursos escasos. Sus ventajas frente a economías centralmente dirigidas – véase el descalabro económico de los países del difunto bloque socialista, de Cuba, o de países que siguen emulando a estos dos modelos – han sido y siguen siendo más que evidentes. Son tan grandes estas ventajas de los mercados de libre competencia respecto a los demás mercados que son presentados por los defensores de la ESM como una meta que se debe conseguir. En países o grupos de países, p.e. la Unión Europea, que se rigen explícitamente por el concepto de la ESM, en las legislaciones nacionales y normativas supranacionales se plantean como objetivo el fomento de la libre competencia y la represión de las prácticas que la limitan.

Como escribimos más arriba, otro de los siete principios fundamentales de la ESM cuya observancia se requiere según Müller-Armack es el acceso libre a los mercados. Hay acceso libre cuando los mercados son abiertos y no existen monopolios o carteles que puedan impedir la concurrencia de otros agentes económicos en detrimento de los consumidores, controlando la calidad y precios des sus productos sin tener que preocuparse de competidores.

El concepto mismo del monopolio está en abierta contradicción de un sistema de competencia. Es una de las razones porque los defensores de la ESM rechazan economías centralmente planificadas. Estas en la práctica llevan a establecer empresas públicas que tienden a asumir una conducta equivalente al monopolio.

En economías organizadas por principios de la ESM, el estado limita distorsiones del mercado mediante una adecuada legislación correctiva a la cual pertenece un control estatal que despliega sus efectos antes que se produzca el monopolio, para evitar que se materialicen concentraciones excesivas de poder de mercado.

Además de una política redistributiva de ingresos y la reglamentación del trabajo el control estatal sobre monopolios forma parte de los así llamados principios reguladores que, en la configuración teórica de la ESM son aquellos principios que exigen que el Estado cumpla con el rol social que la ESM le asigna.

En el control estatal sobre monopolios y sobre el grado de concentración en una economía, se emplean leyes y  reglamentaciones destinadas a fomentar la competencia en la economía prohibiendo todo lo que puede acarrear ineficiencias en el mercado.
La aplicación de estas leyes antimonopolio se realiza, por regla general, a través de las respectivas divisiones antimonopolio de los ministerios de justicia nacionales. En la UE es la Comisión Europea que ejecuta estas leyes junto a las administraciones nacionales.

El elemento social de la ESM

En la ESM, la otra cara de la moneda del mercado como asignador de recursos es el principio de la compensación social. Compensación en el marco de una política social que responde a elementos no compatibles con la ESM y a resultados socialmente no deseados generados por los mismos mercados. En una perspectiva de mayor equidad e integración social, la política social tiene como función principal la reducción y eliminación de las inequidades sociales a través de la redistribución de los recursos, servicios, oportunidades y capacidades.

Dentro de este concepto en la ESM una parte importante de la compensación social radica en políticas redistributivas del ingreso, con la ayuda de un sistema tributario que reparte el financiamiento del gasto público según la capacidad contributiva de los ciudadanos, que hace pagar proporcionalmente más a los que más tienen. Un ejemplo típico es la tarifa progresiva del impuesto sobre salarios y rentas.

Siendo la función principal de la política social la reducción y eliminación de las inequidades sociales, a lo recaudado en concepto de impuestos el estado lo transfiere hacia los sectores de ingresos más bajos en forma directa o a través de la prestación de servicios que incluyen todas aquellas actividades que contribuyen a la salud, educación, asistencia pública, seguro de desempleo, seguridad social y vivienda de la población, protección de la infancia y también aquellas que afectan, en general, la redistribución y distribución del ingreso y las dirigidas a construir y conservar el capital social.

El mercado y lo social ¿son una contradicción? Pues no necesariamente

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