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Empresa Privada “el adversario a vencer”
Por Homero Ruiz

Durante los ya largos y tortuosos 14 años que lleva gobernando Venezuela Hugo Chávez Frías, hemos podido presenciar un sin número de ataques, atropellos e insultos de su parte contra quienes se constituyen como una fuerza opositora a su afán controlador, es decir, hacia los sectores productivos del país. Para nadie es un secreto, que si por Chávez fuera, no existiera en Venezuela ninguna empresa privada, ya que las mismas representan todo lo que él más detesta, en primer lugar, que hayan individuales capaces de generar riqueza y además producir puestos de empleo de calidad y en segundo lugar, que estos centros de producción no le rindan cuentas a su gobierno.
Hugo Chávez siempre ha tenido la necesidad de adversar algún sector de la sociedad, para así poder fundamentar todas sus acciones políticas, podemos recordar varios casos, la Banca Privada, Los Medios de Comunicación Social, La Empresa Privada y por supuesto su adversario favorito “El Imperio”. En tal sentido, siempre invocando la soberanía nacional, el bien supremo del pueblo y los valores bolivarianos, ha arremetido cada tanto tiempo, contra alguno de estos sectores que hacen vida en el país.
Es evidente, que estamos ante una grave crisis de abastecimiento, buena parte de los productos considerados como de primera necesidad están desaparecidos de los anaqueles, resulta imposible conseguirlos y todo esto como consecuencia de la descalabrada política importadora que ha manejado el Gobierno, con la que ha llevado a la producción nacional a su mínima expresión, lo que a todas luces parece que es su objetivo fundamental, destruir cualquier iniciativa distinta a las que sean adelantadas por el Estado todo poderoso.
VENEZUELA: ¿Sociedad Fracasada o Sociedad Secuestrada? 54 años después… 1958 – 2012
Por Orlando Cabrera Eleizalde (*)
Premisas y Contexto
Cuando reflexionamos sobre desarrollo social, sin llegar a un pragmatismo extremo, debemos concluir de manera sencilla que nada del intercambio entre seres humanos como entes gregarios, es posible si no existe la división del trabajo y definitivamente una economía que la soporte de manera permanente con equilibrio sustentable.
La idea que tratamos de trasmitir en este escrito, es una visión personal de la Venezuela actual que muchos no desean aceptar o no les interesa entender, porque son presa de la demagogia rentista de la aspiración del poder y el dinero que soporta nuestros gobiernos estatistas desde antes de 1958, hasta nuestros días. Es decir, ¿por qué Venezuela se exhibe ante el mundo como una Sociedad Fracasada?, cuando es tierra de gracia bendecida por Dios.
Venezuela es una sociedad joven de vieja cultura. El universal y principal medio de comunicación, el idioma, el español, data de más de mil años, es hijo del latín y nieto de griego. La cultura europea y norte americana moderna, ha estado presente en su historia reciente y en nuestra academia, en nuestra idiosincrasia social. Nuestra geografía está llena de recursos naturales de toda índole, aprovechables por una pequeña población asentada en un vasto territorio de diversa geografía, clima benévolo y riqueza abundante, que ha vivido su autodeterminación en el marco de una convivencia envidiable y sin discriminaciones sociales importantes. ¿Por qué entonces hemos involucionado tanto?
El Discurso Político y la Demagogia Implícita
Cincuenta y cuatro años tenemos definiendo el sistema de gobierno que requerimos para progresar. Nos debatimos entre la ideología política socialista vs la liberal, o combinaciones de estas, las cuales han sido suficientemente tratadas por la historia política. Sin embargo, en la historia los estudiosos de la materia no han podido definir o mejor dicho desligar la política de la economía. Han tratado de hacerlo, pero no es posible. Hablar de circunstancias de la historia, personificadas por Mao, Hitler, o Mussolini, Pinochet, Fidel Castro y ahora Hugo Chávez, y definir su actuación en ideologías políticas como fascismo, nazismo, maoísmo, capitalismo, liberalismo o neoliberalismo, comunismo y socialismo del siglo XXI, es como asumir que hechos de gobiernos del pasado forman una “filosofía política” digna de considerar o seguir e incluso compartir, es en realidad un absurdo en el presente.
Hitler y Mao, cada uno en su tiempo y circunstancias, quiso gobernar al hombre en sociedad y decidir cómo debía desarrollar la vida y como interaccionarse con sus pares. Eso definitivamente no es ideología política, se hayan escrito todos libros sobre el particular o no.
En realidad se trata de “libertad y libertades”. Derecho a trabajar de la sociedad, de las familias que son su suma. No habrá prosperidad en una familia si los padres no trabajan, ahorran, e invierten en educación y salud para sus hijos, haciendo un aporte con el cultivo de su inteligencia a esa sociedad que sirven y los acoge como seres gregarios que se rigen por un compromiso común: La Constitución de sus Derechos y Obligaciones. Así de simple. La sociedad funciona igual que una familia. Si no trabaja, ahorra e invierte, no progresa. No hay medida macroeconómica o promesa mesiánica que permita a una nación progresar sin el esfuerzo del trabajo, hecho por supuesto con la mejor eficiencia y rentabilidad posible.
Pero a la retórica populista de políticos deshonestos no les importa eso… Me generó lástima y pena ajena las declaraciones recientes de un político constituyente de 1999 con pos-grado en Políticas Públicas, que denunció a la oposición porque tiene una agenda y un programa “neo-liberal”… y por eso abandonaba su lugar de oposición… Como si ser liberal o neoliberal es una cualidad similar a un “mal que debe ser erradicado de la sociedad” y que solo es producto de “mentes degeneradas o de hijos indeseables para esa sociedad”
Lo que no sabe el político en ciernes, o no le permite su demagogia populista es que el “Neoliberalismo”, se incorpora al lenguaje político de los socialistas no como el nombre de una doctrina o una dirección de pensamiento, sino como un neologismo peyorativo que sirve para agredir a quién piensa diferente. Exactamente igual como logró Carlos Marx al acuñar el término “Capitalismo” para despreciar per sé al adversario.
El liberalismo económico defiende el mercado como instrumento productivo para asignar los recursos escasos de la sociedad a sus usos o empleos alternativos a través de los precios libres. Respeta de esta manera las prioridades de la gente en esas asignaciones, y no se imponen los criterios de las élites de los elencos políticos y los burócratas del Estado.
En América Latina y particularmente en Venezuela, los socialistas, desde los blancos, verdes rosados y rojo rojitos, han tratado de detener la adopción del modelo de sociedad libre, como una aspiración no al crecimiento económico, ni a evitar las crisis del mal manejo de la economía, sino a la democracia verdadera, que es expuesta por los liberales como una condición para el funcionamiento libre del mercado. “Democracia y Libertad” es la base sustantiva del liberalismo, donde la sociedad tenga hegemonía sobre el Estado y no todo lo contrario.
He copiado parcialmente escritos de otros artículos propios debido a la pertinencia para destacar, que el actual proceso político venezolano no es diferente a otros del pasado donde la promesa electoral se sustenta en el populismo demagógico y por ende en la ignorancia del pueblo venezolano, que lamentablemente avanza en su involución de manera superior a la pobreza.
¿Qué puede pasar en España?: ¿Un Golpe de Estado?
Por Oscar Meza
Seguimos diariamente el empeoramiento de la situación económica de España, a través de la Televisora Española –tve- y de otros medios; y después de las últimas medidas anunciadas por el gobierno, nos preguntamos ¿qué puede pasar en España?
Algo tiene que pasar…
Con una tasa de desempleo de 25% y más de 50% entre los jóvenes, reducción de salarios y beneficios a los trabajadores del sector público, recortes al gasto público, más de 500 desahucios de viviendas y locales diarios, un rescate de 100.000 millones de euros para la banca y el empecinamiento ideológico del nuevo gobierno en medidas que lejos de resolver la crisis, lo que han hecho y seguirán haciendo es profundizarla, se plantea un limbo como salida a esta crisis. Ni siquiera la opción de un golpe de estado, como se intentaría por estos lares, siguiendo la tradición autoritaria y mágica que nos alumbra. Afortunadamente, en este caso, no se escucha hablar de Golpe de Estado. España pertenece a la Unión Europea y sus instituciones están comprometidas con la democracia, a pesar de ser, la española, una democracia joven. Seguramente más sólidas que las venezolanas, que llegaron a los cuarenta años y no maduraron.
También si esa crisis se desarrollara en unos de nuestros países podrían presentarse revueltas tipo “El Caracazo” de 1989, aunque, a la fecha, en dimensiones localizadas ya se han registrado ese tipo de manifestaciones en España. Porque para recordar una inteligente frase del profesor Héctor Valecillo (UCV): “Los pueblos nunca se suicidan”, aunque sí se equivocan, y bastante, agregaría este redactor.
Mariano Rajoy y el Partido Popular
Lo que llama la atención a los observadores de este lado del Atlántico es el afán de Mariano Rajoy y el Partido Popular por llegar al gobierno, sabiendo de la profunda crisis por la que ya atravesaba el país. Para nada. O para peor. Porque demuestra en el gobierno Rajoy, que no estaba preparado para enfrentar la grave situación o peor, que no estaba informado de su magnitud, lo que sería imperdonable en quien se obstinó en ser presidente del gobierno de España en este tiempo y todos los días desde la oposición le daba lecciones de “buen gobierno” al presidente Rodríguez Zapatero.
Las amarras que no nos dejan competir
Por Tadeo Arrieche
Venezuela es un automóvil de 8 cilindros que tiene mucho tiempo funcionando apenas con 4 de ellos. No podemos esperar competir eficientemente en una carrera con estas condiciones, pues somos lentos, tal vez por comodidad, ineficiencia, desorden, simple costumbre o los intereses de algunos pocos.
Quienes creemos en el emprendimiento vemos el país así y sostenemos que es necesario cambiar un cultura adentrada en nuestra sociedad que tiende a respetar con demasiado ahínco la renta petrolera cuando en realidad debería preocuparse por resolver los asuntos económicos que no nos dejan abandonar el denominativo de país “en vías en desarrollo”.
Observo que parte del problema es que cada día nos es más difícil competir internamente en un mercado viciado e intervenido por el Estado. Es difícil lograr mayor y mejor cantidad de bienes si no hay criterios de competencia, en los cuales quienes se dedican a la actividad productiva no tienen como consolidarse ante las continuas contingencias a la que está sometida nuestra economía.
Sin ánimos de equipararme a quienes conocen de los asuntos económicos, es de considerar que el primer eslabón que debemos superar para que volvamos a la senda de la competitividad económica tiene que ver con la seguridad, concepto que abarca desde la seguridad económica, la jurídica y la personal, que ha intervenido claramente en la producción.
No es posible para un empresario – desde el micro hasta el macro – invertir y desarrollar su producción si tiene continuos embates impuestos por la excesiva regulación de precios, tributos, contribuciones y demás conceptos parafiscales que cambian los rangos de operatividad de su empresa, lo cual se une en una vorágine de incertidumbre a nivel económico y legal que no permita rango de planificación sino que te somete a una interminable sesión de pensamiento estratégico para subsistir.











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